lunes, 7 de diciembre de 2015

Woden


Hace 2 millones de años, cuando la tierra apenas empezaba a poblarse con los primeros homínidos, en un lugar de lo que actualmente sería la región de los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia) un huevo cayó por la ladera de una gélida colina. Nadie supo nunca de donde salió, ni tampoco porque se deslizó por allí, pero eso justamente no fue lo que llamó la atención del grupo de reptiles que transitaba por el lugar; cuando el huevo impactó sobre la cabeza de uno de ellos y de la nada se rompió. Inmediatamente los reptiles huyeron de la zona, quedando solamente restos de cáscaras rotas, y un pequeño animal, al que llamaremos Woden, recién nacido caminando, tratándose de adaptar a su nuevo ambiente. Lo llamativo de este hecho era que el animal recién salido del huevo, tenía el aspecto de lo que comúnmente se consideraría un felino, específicamente un tigre; que todos sabemos no nacen precisamente de huevos.

Dejando de lado este dato curioso, los primeros días del Woden fueron algo complicados por decirlo de alguna manera, al estar solo no tenía a nadie que pudiese alimentarlo o darle de beber, ni abrigarlo en el clima frío y hostil del lugar, ni ayudarlo de ninguna manera, por lo que debió aprender a vivir solo y a su manera. Al cabo de unas semanas ya había ganado peso y tamaño, comiendo pequeños insectos de la zona, carne de animales que se congelaban, y alguna que otra ave que podía cazar con sus pequeñas garras. Saciaba su sed bebiendo de un modesto arroyo en donde corría agua pura proveniente de unos pequeños glaciares en la cima de una montaña. A unos pocos kilómetros de allí, empezaban a llegar un grupo de homínidos provenientes de la parte norte del territorio, y las cosas comenzarían a ser diferentes.

El primer ataque ocurrió una mañana mientras el Woden descansaba sobre unas hierbas, este oyó  unos pasos y para cuando se dio cuenta, detrás de unos árboles un grupo de hombres lo observaban fijamente, con piedras en sus manos. El pequeño felino, temeroso se quedo inmóvil en el lugar esperando a que se fuesen los extraños. Pero eso no sucedió, al contrario, uno de ellos arrojó una piedra que impactó cerca del Woden pero por suerte para este, no le hizo ningún daño; ante esto, el animal asustado corrió hacia su cueva ubicada a unos pocos metros. Los homínidos se retiraron del territorio, sabiendo ahora donde se encontraba la guarida del pequeño y extraño animal. El segundo ataque aconteció unos días más tarde, cuando el Woden se encontraba cazando pequeños insectos; los individuos se presentaron de improvisto, y comenzaron a golpearlo con palos y algunos huesos de animales. El pequeño animal quedo tendido en el suelo sin entender que había sucedido y con una mueca en su rostro algo triste, alzó la mirada al lugar de donde se habían acercado estos hombres, y percibió unas siluetas que se estaban marchando, entre ellas la de un pequeño que lo miraba con asombro y curiosidad; luego de eso perdió el conocimiento. Se despertó luego de unas horas de la agresión, algo confundido pero maravillado con lo que pudo observar antes de que todo se tornase oscuro, había uno de esos homínidos que no era alto ni tampoco con rostro malvado, sino que era pequeño y en su rostro se notaba la bondad, quedó sorprendido con aquel niño.

Al pasar los días comenzó a  espiar a los homínidos, para observar a sus pequeños y pequeñas mientras corrían y jugaban, él sabía que eran seres aún sin maldad y solo querían conocer el mundo, al igual que el, en parte se sintió identificado con ellos, salvo por el hecho de que el Woden jamás tuvo alguien que lo cuide ni que le enseñase como a esos pequeños.

Una tarde mientras bebía agua del arroyo, se le acercó un pequeño, vaya a saber uno porque estaba alejado de su grupo y solo, la cuestión fue que el Woden se le arrimó temerosamente y el niño finalmente le acarició la frente, acto seguido el felino comenzó a mover su cola de felicidad, ya que al fin alguien había reconocido que no era un animal malo ni mucho menos peligroso, y el solo quería descubrir el mundo en donde se encontraba y sentirse querido. La felicidad duró poco tiempo, ya que los padres del pequeño no tardaron en llegar y al ver a su hijo junto al animal se asustaron y prepararon palos y otras herramientas dispuestos a evitar que el Woden atacase a su niño, ignorando que el animal no era ninguna amenaza para el jovencito. Al momento de arremeter contra el Woden, aparecieron en el lugar un grupo de reptiles de gran tamaño, provocando que los padres del niño se ocultasen tras unas rocas, ya que no podían combatir contra estos, que los superaban en número. Los rastreros se dirigieron a gran velocidad hacia el pequeño, pero el Woden interfirió su camino poniéndose en medio, obligándolos a frenar.

Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que apenas tuvieron tiempo de procesarlo, los reptiles comenzaron a atacar al Woden que defendía al pequeño inmóvil del miedo, uno a uno mordían al felino y este les devolvía mordidas y arañazos, iban y venían garras y colmillos, pelos y escamas, pero el Woden siempre firme para proteger a su único amigo y el único ser en el mundo que le había demostrado bondad. La batalla duró unos pocos minutos más, con los reptiles huyendo malheridos, y el niño corriendo hacia sus padres que lo abrazaron fuertemente. Todo parecía haber acabado y la normalidad retomaba su curso, pero en ese momento el pequeño giró para ver a su amigo, que se encontraba acostado cerca del arroyo. El niño ignorando a sus padres salió corriendo hacia el lugar, solo para comprobar que el Woden había muerto en la batalla, pero consiguiendo su objetivo que fue protegerlo de los reptiles. En ese instante una lágrima comenzó a caer por la mejilla del chiquillo terminando sobre el lomo del Woden que yacía sin vida bajo en el suelo frío. Los padres del niño al ver lo acontecido se dieron cuenta de algo, algo muy natural en cualquier ser, ellos habían atacado anteriormente al Woden por ser algo desconocido para ellos, algo peligroso, no por necesidad de cazarlo, ya que se alimentaban de frutos, semillas y raíces, y  de algún que otro animal pequeño, sino por ese miedo que le daba el conocer algo nuevo, algo diferente a ellos que anteriormente no habían visto. El Woden sin embargo, tampoco conocía a su pequeño hijo pero aun así nunca dudo en defenderlo hasta su muerte. Como muestra de afecto hacia el animal, los padres del niño decidieron enterrarlo a orillas del arroyo donde pasaba gran parte del día bebiendo y cazando peces.

Seguramente nunca hayan oído hablar ni visto un Woden, ya que al ser el único de su especie y morir joven sin haber podido reproducirse, su corta vida fue equivalente a su rápida extinción; tal vez su destino era morir, al igual que todo ser humano, animal o planta; sin embargo se dice que en la zona de los países nórdicos y posteriormente en todo el mundo, los niños al ver arena, tierra o una superficie posible de excavar, se sientan horas y horas cavando y jugando, tratando de que alguna vez aparezca por ahí, otro huevo de Woden.

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