sábado, 24 de octubre de 2015

¿A dónde van?


Esa es la pregunta que casi todos nos hacemos cuando no decimos algo. ¿A dónde va todo eso? A dónde van todas esas letras, esas palabras, frases, que quisimos decir pero no pudimos o no nos animamos a decirlas. ¿Tienen un lugar especial donde se van juntando y acumulando? O simplemente se evaporan en el aire para nunca más regresar. Lo cierto es que muchas veces tenemos que decir algo, lo sentimos así, pero no lo hacemos, no lo hacemos porque no nos animamos, porque no era el momento adecuado, porque no pudimos hacerlo o por cualquier otra razón que sea que nos impidió poder expresarnos en el momento.

De todas maneras, lo importante es por qué no podemos decirlas a tiempo, muchas veces no decimos las cosas porque las presuponemos ciertas, o porque pensamos que a la otra persona no les importan, pero no debería ser así. Mas allá de lo que pensemos, debemos decir las cosas que sentimos, que nos pasan, ya sea para solucionar algún inconveniente con alguien, para aclarar algo que dijimos mal, o para expresarnos con algún tema que pensamos. Porque de lo contrario, no decir las cosas nos hace suponer hipótesis de que hubiese pasado si las hubiésemos dicho o que no hubiese pasado, y eso no ayuda en nada porque mas allá de todo, ya pasó, ya nos callamos, no las dijimos y no sirve de nada quedarnos a pensar en lo que pudo haber pasado. La vida sigue su curso y no se va a detener para que nosotros arreglemos nuestros problemas. Es más importante decir las cosas, decirlas aunque no se obtenga el resultado que esperamos, porque al menos nos sacamos un peso de encima y vamos a estar tranquilos de que por lo menos de nuestra parte dimos todo o dijimos todo lo que teníamos para decir; después si pasa lo que uno espera o no, ya no depende de uno, sino que simplemente son cosas que pasan y por algo será.


En algunos casos podemos solucionar la situación, porque todavía estamos a tiempo, pero de no ser así debemos ir aprendiendo de las cosas que nos callamos y no decimos, para en futuras ocasiones animarnos a decirlas. Sino de tantas cosas que silenciamos, llega un momento que explotamos y nos expresamos más  de lo que debemos y muchas veces lastimamos a los demás. Lo importante de todo esto, es aprender para mejorar, como todo en la vida, para ser mejores personas con los demás y también con nosotros mismos. Porque peor que no suceda lo que esperábamos al decir algo, es no haber tenido el valor de decir las cosas a tiempo.

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