domingo, 9 de agosto de 2015

La Prisión Matemática

El hombre despertó algo aturdido, en una habitación fría, oscura y algo húmeda. Por unos segundos se alegró de estar vivo, aunque sabía que si se levantaba a recorrer el lugar, tal vez su alegría se desvanecería. De todos modos no le quedaba otra opción, así que se dispuso a investigar donde se encontraba. Recorrió los 98 mosaicos del lugar, sin encontrar ninguna puerta trampa por donde escapar. Hubiese sido sencillo, pensó en voz alta, y se dirigió a un tablero en el centro del lugar. Estaba oxidado, como si no hubiese sido activado en años, había un par de palancas, y unas luces rotas, algo frustrado por no encontrar ayuda, el hombre golpeó el tablero, pero no sucedió nada diferente. Desanimado por la falta de pistas o alguna ayuda, decidió continuar buscando.

Se dio vuelta, cuando notó que una extraña puerta se había abierto al costado del recinto, tal vez al golpear el tablero se había accionado algún tipo de mecanismo interno. Emprendió la caminata hacia el lugar donde se encontraba la nueva abertura. Al llegar percibió que estaba abierta y decidió entrar. Apenas penetró en la oscuridad del lugar sintió bajo sus botas 7 pequeños charcos, de escasa profundidad y un olor que emana de las paredes bastante desagradable. Siguió caminando, colocándose el brazo en su nariz, para evitar el hedor nauseabundo que invadía el lugar, hasta llegar al fondo donde solo había una gran pared lisa, o eso creía, ya que la oscuridad reinante no lo dejaba distinguir nada. Comenzó a pasar su mano por la pared, y notó que era bastante llana, tal vez de piedra pulida, pero no percibió nada extraño en ella; hasta que en una parte sintió algo diferente al tacto, eran una especie de agujeros en la pared, alcanzó a contar 8, cuando decidió introducir un dedo en el primero. Una luz verde apareció iluminando el pequeño orificio, por lo que repitió el proceso con los demás restantes, hasta que todo quedó iluminado con diferentes colores, y una rampa pequeña se abrió a un costado del hombre. Era pequeña pero lo suficientemente grande para que el pudiese entrar por ella.

Se asombró con lo que vio, un gran espacio verde se extendía sobre él, pero nada indicaba alguna salida aún. A paso firme se dirigió hacia unos grandes bloques de roca, que descansaban al final de un camino hecho con restos de ramas. Al llegar notó algo que lo sorprendió, aunque a decir verdad, muchas cosas ya no podrían sorprenderlo desde que despertó en ese extraño lugar. Ordenados de manera despareja, 6 esqueletos de lo que parecían ser humanos, cubrían la pequeña zona, y alrededor de ellos había más charcos como los que había notado hacia unos momentos antes de entrar al gran descampado verde. Como no había mucho que hacer allí, emprendió camino hacia el sur del lugar, donde se observaba un pequeño bosque.

Quién sabe cuánto le tomo llegar, se sentía hambriento y sediento, sin nombrar muchas otras necesidades que comenzaba a sentir con el transcurso del tiempo. Contó un total de 59 árboles, de madera marrón oscura, con fuertes ramas, y hojas de verde arlequín, casi todos separados por escasos centímetros, y no de mucha altura. Al final del pequeño bosque, encontró un hacha clavada en un tronco partido. Decidió que era hora de dormir, y aunque no había sol ni luna, se sentía cansado y con frío, por lo tanto cortó 15 ramas, y las añadió al fuego, que había hecho con unas piedras que encontró al costado de unos arbustos. Se quedó dormido al instante, y por unas cuantas horas, hasta que una ráfaga de viento lo despertó, algo triste, al saber que no había sido un sueño todo aquello que vivió, y continuaba atrapado en ese extraño terreno. Antes de continuar el viaje hacia el norte de donde se encontraba, decidió contar nuevamente los árboles por si en algún momento se perdía, sabría que allí era donde estaba su campamento, si así podría llamárselo. Algo le llamó la atención, ya que la cantidad de árboles había disminuido en 4, pero pensó que era un hecho más del lugar, que de por si era extraño y continuó su trayecto. Luego de unos kilómetros recorridos, halló una especie de fuente con lo que parecía ser agua en su interior, y a unos pocos pasos de la misma, localizó 3 botellas que las utilizó para dividir el agua en partes iguales. Bebió de la primera, y las demás las guardo en los bolsillos de su pantalón.

Al final del camino, ya bien al norte del pequeño grupo de árboles, encontró una puerta de madera, color azul navy, que para su asombro, cedió enseguida que entornó el picaporte. Una vez pasada la misma, sintió que algo lo mojaba levemente, y con cada paso que daba, se iba mojando un poco más, hasta que descubrió la causa de tanta agua, a unos metros de donde estaba parado, desfilaba un rio cuyas aguas corrían a una velocidad de un río normal, multiplicadas por 5, por lo que rápidamente pensó que era casi imposible pasarlo nadando. Empezó a recorrer el lugar en busca de algún objeto que pudiese ayudarlo a cruzar el torrentoso río, y luego de caminar sin encontrar nada que le sirviese, halló un cobertizo de chapas, con el techo volado, y una madera como puerta. Dentro del mismo encontró unas tablas de madera, sogas, un palo grande de plástico y lo que se parecía ser una vela, con forma de bandera, algo desgastada y polvorienta. Le tomó un buen rato armar algo parecido a una balsa, uniendo las tablas con la soga, colocando el palo en el medio y arriba de este, la bandera, que permanecía caída ya que no había viento que la hiciese flamear.

Una vez terminado, se dispuso a colocarla en el río, aunque seguramente se perdería entre la corriente, pensó, pero mucho no tenía para perder así que lo intentó. Para su sorpresa la balsa permaneció calma, y solo se balanceó un poco pese al caudaloso paso del agua que se encontraba debajo. Rápidamente fue a buscar algún tablón que hiciese de remo para comenzar a pasar aquel vertiginoso caudal. Le costó tomarle el ritmo a la corriente, y cuando al fin pudo encaminarse entre ella, notó que la bandera comenzaba a flamear, y un viento fuerte se desplomó de golpe, provocando que la balsa empezase a dirigirse al centro del río. El hombre con la tabla que usaba de remo, intentaba que su vehículo improvisado no perdiera el rumbo, y poco a poco fue manteniendo la velocidad constante, hasta alcanzar el rumbo adecuado. En el camino se cruzó con varios animales acuáticos, entre ellos tortugas, algún que otro sapo saltando de piedra en piedra, un cardumen, al que luego se le sumaron 15 peces más al grupo. Cada vez más se iba alejando de la costa, y más especies iban apareciendo, hasta algunas aves revoloteaban a escasos metros de lo que era la vela de su balsa. Luego de un gran trayecto recorrido alcanzó a divisar tierra, y se alegró un poco, esperanzado con encontrar civilización o al menos una manera de escapar de aquel lugar tan anormal.

Llegó a la orilla sin problemas, dejó la balsa a un lado cerca de unos matorrales, por si debía utilizarla nuevamente. Después de una caminata intensa, se topó con un arbusto de bayas, de color rojo escarlata, y comió algunas para recuperar energía; el resto las guardó en uno de los bolsillos. Continuó caminando por algunas horas más, hasta que observó algo que jamás había visto ni siquiera en películas, un espiral gigante se extendía sobre varios metros, aunque alcanzaba a ver el otro extremo de la sala. Se acercó lo más que pudo, para observar de cerca que era aquello que estaba frente a sus ojos, y notó que se movía lentamente, por lo que debía estar formado por alguna especie de energía o algo por el estilo, por lo que decidió arrojar algún objeto para ver que acontecía. Al costado de unas rocas encontró una madera bastante frágil, y decidió dividirla en 6 trozos para ir probando por distintas partes del espiral y así estar más seguro de qué ocurría.

Primero probó por la parte donde él se encontraba, bien a la izquierda del centro del espiral, arrojó el primer trozo de tabla, y este penetró dentro de la masa de energía y se perdió para siempre. Continuó con el segundo fragmento, a unos metros más a la derecha del anterior; obteniendo el mismo resultado. Algo fastidioso llegó hasta el centro del espiral, donde arrojó el tercer trozo de tabla, a continuación notó que a lo lejos algo caía, aunque no estaba seguro de que hubiese sido el trozo de la madera, de todas maneras decidió continuar con los fragmentos que le faltaban. En ambas ocasiones sucedió lo mismo que en las primeras oportunidades y se perdieron entre la energía del espiral. Después de discutir consigo mismo, sobre que hacer al respecto, termino inclinándose por arrojarse por el centro del espiral, esperando caer del otro lado del mismo, y tal vez por fin escapar de allí.

Cuando abrió los ojos, y se disipó la oscuridad que lo envolvía desde hacía unos minutos, de a poco fue incorporándose hasta estar totalmente de pie, algo perturbado por la caída. Según él, debió funcionar su plan porque detrás de él se encontraba el espiral, ahora no tan tenebroso, y al menos seguía consciente. Revisó sus bolsillos para ver que todo se encontrase allí, pero tenía 12 bayas menos. No le dio mucha importancia y se dirigió en línea recta hacia una compuerta con luces parpadeantes de varios colores. La abrió de par en par, y se encontró con un teclado en donde se encontraban las siguientes palabras: “La clave para salir de aquí, te la dará el lector”.


¿Sos capaz de ayudar a escapar al hombre, de esta misteriosa prisión?...

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