jueves, 8 de enero de 2015

La Armadura


¿Cuántas veces utilizamos una armadura? Seguramente, más de las que imaginas. Nos escondemos ahí dentro, como un dragón se esconde en un castillo, protegiendo su tesoro. Pensamos que así, nada malo nos ocurrirá, que todo irá bien. Que ese tesoro siempre permanecerá fuera del alcance de los saqueadores. Cuando alguien quiere entrar en nosotros, no lo dejamos, nos protegemos, ¿De qué? Quizás de los males que pueden venir, quizá tantas veces nos han herido, que una armadura es la mejor solución. ¿Lo es?

Es la protección que buscamos, para que nada nos afecte, nada nos penetre. Pero en todo tesoro, siempre hay una moneda, con sus dos caras, equilibrando todo. ¿Nos protege nuestra armadura?, ¿o solo evita que seamos nosotros mismos? Ahí es donde debemos despertar, podemos usar cuanta armadura queramos, pero si eso impide que seamos lo que realmente amamos ser, no nos protege, solo nos oculta. ¿O acaso creen que un dragón es feliz, lejos del aire, oculto entre mazmorras?

Debemos recordar que ser nosotros mismos, es la mejor armadura que podamos usar. Amándonos como somos, queriéndonos, respetándonos, nada de lo que los demás digan o hagan nos afectará, nada penetrará esa armadura, invisible, que algunos llaman amor propio. Hagan como ese dragón, que cansado de custodiar un tesoro lleno de olvidos, decidió desplegar sus alas, y salir  a surcar las nubes, siendo libre de toda cadena, siendo el mismo en su naturaleza.


El tesoro, eso que nos detiene, nos ambiciona y nada nos da, más que unos cuantos dolores de cabeza. Ese tesoro, que se lo queden los que usan armaduras, nosotros, ya somos libres, somos nosotros mismos.

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